domingo, 3 de julio de 2011
Griiiiitooooo
Aaaaaaaaa grito, ¿alguien me oye? ¡¡¡Me ahogo!!! ¿Alguien puede echarme una mano? Por favor, necesito ayuda. ¿Hay alguien ahí? No puedo más, me estoy asfixiando, noto cómo me fallan las fuerzas, me caigo en el vacío. Me hundo en la oscuridad. Por favor, sé que puedes oirme. Ayúdame. Tiéndeme una mano, hazme el boca boca, ALGO, me muero y no quiero. Sé que aún hay más aguardándome. Por favor evita el desastre. Por favor ayúdame, revíveme.
miércoles, 29 de junio de 2011
El colapso.
LLevo un tiempo pensando que es inevitable la caída. Todo parece ir bien durante un tiempo pero luego las mentes y los cuerpos cansados, agotados, desmotivados, viejos, no dan más de sí y dan paso a la desgana, a la pasividad y se dejan llevar por la tempestad con resignación. Mantenerse en la vida en el punto medio sin desvanecerse, sin renquear, firmes ante las desavenencias es digno de admirar y desde luego ejemplo a seguir. Sin embargo, sólo unos pocos consiguen mantenerse a flote y no dejarse vencer por los infortunios, ¿seremos esos pocos afortunados? Lucharemos por ello.
domingo, 26 de junio de 2011
Ulises.
Homero cuenta en su leyenda que el héroe Ulises en su odisea oteaba el horizonte día tras día con los ojos empañados en lágrimas por la nostalgia por su tierra, por su familia, sus raíces... Luchó contra el mar y sus criaturas, cíclopes, malvadas brujas y tentaciones y por ello pasó a formar parte del panteón de semidioses de la mitología.
Hoy hay miles de Ulises que llegan a las costas cada año enfrentándose a los peligros del Mar, arriesgando su vida y la de los que algunos llevan en su vientre por una nueva vida lejos de las penurias de su existencia en el desdichado hemisferio de la Pobreza. Lo dejan todo y se embarcan en una patera de mala muerte, o se anclan a los bajos de un camión de mercancías, con tal de poder amanecer en una tierra menos cruel que de la que provienen. Ponen al límite la resistencia y las capacidades adaptativas del cuerpo humano sobreviviendo a las más insufribles condiciones, padeciendo de por vida un estrés crónico por tanta pérdida incomprendido en muchas ocasiones.
Contribuyamos a suavizar el dolor que acarrean y ayudémosles a recuperar su vida.
Hoy hay miles de Ulises que llegan a las costas cada año enfrentándose a los peligros del Mar, arriesgando su vida y la de los que algunos llevan en su vientre por una nueva vida lejos de las penurias de su existencia en el desdichado hemisferio de la Pobreza. Lo dejan todo y se embarcan en una patera de mala muerte, o se anclan a los bajos de un camión de mercancías, con tal de poder amanecer en una tierra menos cruel que de la que provienen. Ponen al límite la resistencia y las capacidades adaptativas del cuerpo humano sobreviviendo a las más insufribles condiciones, padeciendo de por vida un estrés crónico por tanta pérdida incomprendido en muchas ocasiones.
Contribuyamos a suavizar el dolor que acarrean y ayudémosles a recuperar su vida.
Soteria.
Carol había tenido un día de perros en la Facultad de Medicina en la que estudiaba tercer año y al llegar a casa no mejoraría en absoluto. Otra vez su madre había ignorado a David, el novio de Carol al que había intentado integrar de todas las maneras en su familia a pesar de sus diferencias... Algún resorte en el mecanismo mental de Carol saltó en el momento en que empezó a vociferar a su madre, reprochándole todo lo que había hecho mal desde la muerte de su padre. Sus pulsaciones empezaron a acelerarse sin control, su temperatura aumentó ligeramente. Perdió el autocontrol que tanto se habían cuidado de enseñarle a manejar los psicólogos de su colegio. Llevaba años sin escuchar aquellas voces que la culpaban de lo que le sucedió a su padre, años sin alucinaciones, años intentando comprender lo que estaba mal en su cabeza. Tantos años de control, de medicacion, de estudio de su propia demencia para tirarlo por la borda en unos pocos minutos. Carol se perdió luchando contra su propio yo. Estaba irreconocible y cuando su madre desesperada por el grado de alteración de su hija cogió el teléfono para llamar a la policía, la locura se desató en el interior de Carol, que no paraba de arrojar todo lo que se encontraba a su paso. La parte más racional de la chica intentaba aflorar entre aquella sombra que se había apoderado de ella. Esa parte racional se alegró cuando vio a los vecinos, los señores Müller, entrar en la escena. Sin embargo, a pesar de que se dirigían a ella con todo el cariño del mundo, pues la habían criado como a una nieta, eso no ayudó mucho a que se calmara porque el miedo a herirlos se sumó a esa vorágine de sentimientos de culpabilidad que la arrastraba al abismo. Al llegar la policía no hubo palabras de cariño hacia ella. ¿Por qué la trataban como a una criminal en potencia, una asesina en serie? ¿En serio nadie se podía imaginar la crisis de ansiedad por la que estaba pasando y que lo último que necesitaba era la violencia? Ellos habían desatado el monstruo que se hizo por completo con el cuerpo y la mente de Carol. Dos tíos enormes la aprisonaron con sus brazos haciendo acopio de todas sus fuerzas mientras un tercero le clavó la aguja con la morfina. El mundo se desvaneció ante sus ojos anegados en lágrimas de desesperación.
Carol despertó desorientada y con escasos recuerdos en la cama de una habitación luminosa y blanca. Al principio creyó estar en un sueño apacible. De esos que reconfortan el cuerpo y la mente. No recordaba cómo había llegado hasta allí y esforzarse en atraer los recuerdos le provocaba un tremendo dolor de cabeza, así que decidió no pensar. Se limitó a escuchar el silencio. Nada ni nadie la estorbaban. Por fin podía relajarse. Quizá eso era todo lo que necesitaba, un poco de paz en su interior. Se levantó de la cama y comenzó a andar rozando con sus dedos la suave textura de las paredes. Se dirigió hacia la pequeña ventana que daba a un jardín exquisitamente cuidado, los arbustos podados en relajantes formas simétricas. Líneas laberínticas con curvas que recordaban las formas de las ramas de las vides. Se quedó mirándolo un buen rato dejando la mente en blanco. En sus libros de psicología había leído sobre aquella relativamente nueva forma de terapia de los pacientes psicóticos. La llamaban soteria que derivaba del griego y significaba protección, seguridad, salvación. Era toda una revolución y daba muy buenos resultados. Recordó haber leído testimonios de pacientes que habían pasado por esas selectas clínicas y que con la mínima medicación a base de pequeñísimas dosis de neurolépticos y una buena atención por parte del personal habían vuelto a una vida de calidad con muy pocas recidivas. Así que era otra paciente más. ¿Cuantos pacientes más habría como ella? ¿diez, doce? ¿Cuánto tardarían en trasladarla a una habitación común con más residentes? ¿Cuánto tardaría en estar suficientemente recuperada como para que la pusieran a hacer pequeñas actividades rutinarias de manteniemiento como hacer la compra y cocinaar para los demás residentes..? ¿Cuánto tardaría en poder llevar una vida normal lejos de los sobresaltos? Entonces, llamaron a su puerta y una mujer de aspecto dulce y amable la saludó. No parecía para nada una doctora, no iba siquiera vestida como tal. Era lo más agradable que una podía imaginarse. La mujer la pidió que la acompañara a desayunar y Carol la siguió sin dudar. Decidió no preguntarse nada y limitarse a curarse en aquella estancia blanca.
Carol despertó desorientada y con escasos recuerdos en la cama de una habitación luminosa y blanca. Al principio creyó estar en un sueño apacible. De esos que reconfortan el cuerpo y la mente. No recordaba cómo había llegado hasta allí y esforzarse en atraer los recuerdos le provocaba un tremendo dolor de cabeza, así que decidió no pensar. Se limitó a escuchar el silencio. Nada ni nadie la estorbaban. Por fin podía relajarse. Quizá eso era todo lo que necesitaba, un poco de paz en su interior. Se levantó de la cama y comenzó a andar rozando con sus dedos la suave textura de las paredes. Se dirigió hacia la pequeña ventana que daba a un jardín exquisitamente cuidado, los arbustos podados en relajantes formas simétricas. Líneas laberínticas con curvas que recordaban las formas de las ramas de las vides. Se quedó mirándolo un buen rato dejando la mente en blanco. En sus libros de psicología había leído sobre aquella relativamente nueva forma de terapia de los pacientes psicóticos. La llamaban soteria que derivaba del griego y significaba protección, seguridad, salvación. Era toda una revolución y daba muy buenos resultados. Recordó haber leído testimonios de pacientes que habían pasado por esas selectas clínicas y que con la mínima medicación a base de pequeñísimas dosis de neurolépticos y una buena atención por parte del personal habían vuelto a una vida de calidad con muy pocas recidivas. Así que era otra paciente más. ¿Cuantos pacientes más habría como ella? ¿diez, doce? ¿Cuánto tardarían en trasladarla a una habitación común con más residentes? ¿Cuánto tardaría en estar suficientemente recuperada como para que la pusieran a hacer pequeñas actividades rutinarias de manteniemiento como hacer la compra y cocinaar para los demás residentes..? ¿Cuánto tardaría en poder llevar una vida normal lejos de los sobresaltos? Entonces, llamaron a su puerta y una mujer de aspecto dulce y amable la saludó. No parecía para nada una doctora, no iba siquiera vestida como tal. Era lo más agradable que una podía imaginarse. La mujer la pidió que la acompañara a desayunar y Carol la siguió sin dudar. Decidió no preguntarse nada y limitarse a curarse en aquella estancia blanca.
sábado, 25 de junio de 2011
Mi amigo, un monstruo llamado Cambio.
Cada cierto tiempo, en mi vida aparece un monstruo. Si pudieras verlo quizá para tí no sería tan horripilante, quizá incluso te caería bien y le permitirías dormir en el oscuro armario de tu alcoba. Pero a mí no me parece nada agradable. Y por las noches, cuando creo que voy a dormir profunda y plácidamente, se introduce en mis sueños y los desbarata, tornándolos pesadillas insoportables. Ya no soy ninguna niña y por eso decidí plantarle cara y exigirle una buena y convincente explicación. Aquella noche me hice la dormida esperando ansiosa su venida y entonces, justo cuando se dispuso a avalanzarse sobre mí me levanté de un brinco haciendo acopio de todo mi valor.
- ¡Ajá, monstruo! No creas que vas a poder salirte con la tuya, no... ¿Acaso pensabas que iba a aguantar tanto tiempo escondida bajo las sábanas de franela? No, maldito monstruo. ¡Aquí estoy haciéndote frente! ¡¡¡Lucha conmigo si tienes agallas!!!
Entonces, el monstruo empezó a inflarse como un globo y me preparé para lo peor. Aunque no me achanté no pude evitar cerrar los ojos y encoger un poco los hombros por lo que pudiera pasar, tenía que pensar algo. Y temiendo que descargara su ira sobre mí de la peor de las maneras, me dio un vuelco el corazón cuando abrí los ojos y descubrí lo que tenía en frente. No pude dejar escapar una risotada ante la escena que se había formado ante mí. El monstruo había tomado una apariencia totalmente diferente. Ahora parecía incluso cómico, me atrevería a decir. Entonces con una vocecilla ridícula me dijo:
- Siento haberte asustado todos estos días, soy nuevo en el oficio y aún no controlo mi poder... Ups, perdona, mi nombre es Cambio. Por órdenes de mis superiores mi trabajo consiste en asustar mucho al principio y luego ir remitiendo para,, al final insuflar valor al Cambiante para que no tema ante las nuevas situaciones y perspectivas de su vida.
- Y... ¿es obligatorio lo de "asustar mucho al principio"?
Esta vez fue Cambio el que rió a pleno pulmón.
- Depende del historial del Cambiante. Tú...- prosiguió al verme la cara de interrogación- eres una Cambiante inexperta y por eso en los primeros cambios hay que asustar todo lo necesario para que afrontes bien todo lo que es nuevo en tu vida.
- Entiendo.
- Pero no estaba en mis planes que te volvieras valiente tan temprano y mucho menos que ¡me descubrieras! Creo que eso es un buen indicativo de tu progreso, así que omitiremos la Primera Fase de "Asustar Enormemente" e iremos directamente a la Segunda Fase de "Inicio de la Adaptación", ¿te parece? Bueno, por el momento te dejo descansar porque tengo que ir a comunicárselo a mis jefazos. ¡Un placer haberte conocido!
- Igualmente, Cambio. Espero que seamos buenos amigos.
- Claro, siempre estaré contigo, ayudándote a superar todo obstáculo.
- ¡Ajá, monstruo! No creas que vas a poder salirte con la tuya, no... ¿Acaso pensabas que iba a aguantar tanto tiempo escondida bajo las sábanas de franela? No, maldito monstruo. ¡Aquí estoy haciéndote frente! ¡¡¡Lucha conmigo si tienes agallas!!!
Entonces, el monstruo empezó a inflarse como un globo y me preparé para lo peor. Aunque no me achanté no pude evitar cerrar los ojos y encoger un poco los hombros por lo que pudiera pasar, tenía que pensar algo. Y temiendo que descargara su ira sobre mí de la peor de las maneras, me dio un vuelco el corazón cuando abrí los ojos y descubrí lo que tenía en frente. No pude dejar escapar una risotada ante la escena que se había formado ante mí. El monstruo había tomado una apariencia totalmente diferente. Ahora parecía incluso cómico, me atrevería a decir. Entonces con una vocecilla ridícula me dijo:
- Siento haberte asustado todos estos días, soy nuevo en el oficio y aún no controlo mi poder... Ups, perdona, mi nombre es Cambio. Por órdenes de mis superiores mi trabajo consiste en asustar mucho al principio y luego ir remitiendo para,, al final insuflar valor al Cambiante para que no tema ante las nuevas situaciones y perspectivas de su vida.
- Y... ¿es obligatorio lo de "asustar mucho al principio"?
Esta vez fue Cambio el que rió a pleno pulmón.
- Depende del historial del Cambiante. Tú...- prosiguió al verme la cara de interrogación- eres una Cambiante inexperta y por eso en los primeros cambios hay que asustar todo lo necesario para que afrontes bien todo lo que es nuevo en tu vida.
- Entiendo.
- Pero no estaba en mis planes que te volvieras valiente tan temprano y mucho menos que ¡me descubrieras! Creo que eso es un buen indicativo de tu progreso, así que omitiremos la Primera Fase de "Asustar Enormemente" e iremos directamente a la Segunda Fase de "Inicio de la Adaptación", ¿te parece? Bueno, por el momento te dejo descansar porque tengo que ir a comunicárselo a mis jefazos. ¡Un placer haberte conocido!
- Igualmente, Cambio. Espero que seamos buenos amigos.
- Claro, siempre estaré contigo, ayudándote a superar todo obstáculo.
viernes, 17 de junio de 2011
De la Tierra. De la Música.
Hoy me he permitido el lujo de adentrarme en el mundo de la música New Age y he encontrado una creación maravillosa. Se llama "Song of the Spirit" de Karl Jenkins, uno de los fundadores del grupo Adiemus que ideó la genialidad de un lenguaje ligado a la tierra y no al raciocinio, una lengua que nos uniera a todos a través de sonidos más antiguos que nosotros mismos. Y no he podido evitar sentirme empequeñecida por la fuerza sobrenatural de esta composición. Es como si el propio espíritu de la Tierra emanase de cada nota y te envolviera con su profunda y ancestral voz. También me he regocijado escuchando a la genial Enya, cuya música me es muy familiar porque me ha acompañado durante una buena parte de mi vida y siempre he admirado ese matiz de atemporalidad que impregna sus obras. Uno de los más claros ejemplos es Cursum Perficio, voz de ultratumba, de más allá del Origen, de todos los Tiempos. Eterna. Como la música misma. Quizá, se me ha ocurrido pensar, la Naturaleza nos habla a través de la música y sólo aquellos capaces de comprender el significado de sus palabras son capaces de transcribirlas y hacernoslas llegar al resto de la Humanidad a través de un lenguaje primigenio que no tiene otro código más que las sensaciones. La Música.
domingo, 12 de junio de 2011
Musa.
Musa ¡manifiéstate! Preséntate ante mí y dime cómo lo haces. Cómo consigues hacerme volar entre mis pensamientos para regalarme las palabras adecuadas en el mejor momento. Cuéntame cómo consigues visitarme en ese período inevitable antes del más profundo sueño que desata mi subconsciente dejándolo correr libre, sin ataduras, lanzando su peculiar voz al viento. Y por qué cuando tú no estás me marchito, no sé pensar, no sé vivir. ¿Qué encanto tienes? ¿qué magia genial haces en mí? Me transformas, me renuevas, das alas a mi pensamiento, lo haces libre, lo dignificas, lo dotas de sentido. Te siento cada vez que mis manos se deslizan por el teclado del piano, cada vez que mis dedos acarician las hojas de los libros, cada vez que canto, cada vez que sueño. Fabulosa evasión a ti te entrego mi vida entera. Tómala. Es tuya. Sigue creando.
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