- Admirable de todo punto. ¿Decís que estos cautivadores perfumes son obra vuestra?
- Así lo afirmo, Majestad.
- ¿Y cómo podéis probarlo, joven?
- Podría haceros una muestra en persona para que vuestros sentidos lo crean.
- Alabo vuestro arrojo niña. Así sea, quiero verlo.
La joven comenzó a preparar y componer, como si de un puzzle se tratara, el instrumental necesario para fabricar aromas exóticos y perfumes embaucadores. Lo había empaquetado la noche anterior, antes de partir hacia la corte, con sumo mimo y cuidado casi como si fuera un ritual místico que llevaba a cabo siempre que iba en busca de un poco de fortuna. Sin duda, la corte era el lugar ideal, pues allí solían reunirse en fiestas cortesanas las narices más nobles y refinadas que sin duda sabrían apreciar su arte. Con el brío de un sabueso en una partida de caza comenzó a mezclar, oler, mezclar, diluir, oler, volver a mezclar hasta que se conformó en aquel frasquito el aroma deseado. Se puso unas gotas de aquella nueva esencia sobre en su cuello y dijo:
- Esta es mi creación más especial para vos, Alteza. Apreciareis mejor su efecto sobre mi piel.
El Rey se inclinó sobre ella y al hundir su nariz en el cuello de la muchacha se apoderó de él algo sobrehumano que le hizo perder la razón. Con la furia del instinto animal desatado comenzó a desnudarla violentamente mientras los ojos de la muchacha relumbraban con la luz de la victoria y la sed de venganza. Aquella noche engendraría al bastardo del Rey y daría inicio a la lucha por el trono. Por fin remediaría tantos años de miseria a los que aquel ser despreciable la había sometido junto a su familia.
martes, 18 de junio de 2013
jueves, 13 de junio de 2013
Las odio con toda mi alma.
Hoy la vida me ha vuelto a dar uno de esos reveses a los que me tiene acostumbrada, o al menos eso creía yo, que estaba acostumbrada, preparada para arrostrar cualquier contratiempo, pero me he descubierto once again inexperta y temerosa. Me he convertido en una frágil criatura reducida a un miedo irracional. Una de las personas que más he querido, más quiero y más querré en esta existencia está sufriendo lo indecible en su etapa de esperar el fin y todas mis alarmas han saltado como locas. A penas duermo, las pesadillas son cada vez más insoportables, más oscuras, el miedo a vivir, a envejecer, a asistir a la muerte de otros y finalmente a la mía propia, me inmoviliza. Mi vida se ha trastocado por completo, mis esquemas perfectos no eran más que una fantasía infantil resguardada bajo la protección y los sacrificios de mi madre y de mi padre. Es curioso lo que logran unas células malignas inquietas en un cuerpo frágil y dolorido, uno de esos cuerpos frágiles y doloridos que han hecho de mi vida la más bella aventura. Es curioso lo que he llegado a odiarlas, creo que es inmensurable tanto odio. Las odio más que cualquier conflicto nacional, internacional, político, ideológico, catástrofe natural... Las odio, las odio, las odio con toda mi alma. Y esta es mi única vía de escape, escribir como una loca y acallar tanta malignidad con el sonido ensordecedor de las teclas porque más no puedo hacer. Sin embargo, escribir también se me atraganta en esta ocasión porque se me crispan los puños de tanta impotencia. No puedo dejar de admirar y envidiar a aquellos que son capaces de desconectar de tanto dolor, reir aún en la adversidad, resignarse, encontrar la paz interior, confiar en Dios. Yo soy incapaz porque estoy llena de odio, odio, odio.
viernes, 7 de junio de 2013
Un poco de luz por favor.
Conocí la miseria en mis años de juventud y quizá sea por eso que ahora reconozco el valor de todo y me duele que otros no lo hagan e incluso se permitan el lujo de despreciar. Recuerdo esas enormes bolsas bajo los ojos cansados de mi padre que denotaban horas de trabajos infructuosos y comeduras de cabeza para hacer que las cuentas de la familia cuadraran. Trabajaba como nadie, se esforzaba cada día por sacarnos de aquella enfermiza miseria que nos robaba el espíritu alegre del que antaño gozábamos, cuando mi madre vivía. Trataba de llevarnos una sonrisa todos los días aunque el suyo hubiera sido un día gris oscuro tirando a negro. Nos hacía reir como nadie porque era capaz de exprimir la realidad y extraer de ella el surrealismo, el chiste. Era capaz de encender una vela en medio de tanta oscuridad. Su amor por nosotros y por la vida, por muy mísera que fuera, era su motor y también el nuestro.
miércoles, 5 de junio de 2013
Toreada por un díptero.
Qué triste es ser toreada por un díptero. Estaba sumida en mis pensamientos y comida por montañas de apuntes de Veterinaria cuando un zumbido atronador me ha traspasado el tímpano. En seguida he agudizado el oído para localizar al tremebundo bicho volador que tras centurias de persecución y caza bien ha aprendido a guarecerse de manotazos, cuadernazos y escobazos. En una de esas fallidas intentonas de darle caza al moscón se ha cruzado en mi mente, veloz como un relámpago, el desafortunado Gregorio Samsa. Y no queriendo malherir a ningún pobre metamorfoseado he decidido abrir una ventana y conducir penosamente al toro con alas que arremetía furibundo contra mí esperando que algún día de estos encontrara por sí mismo la salida.
martes, 4 de junio de 2013
You and I
Distant words you used to tell me
Far away You could have saved this
lonely heart which burned till ashes
but strong enough to escape the darkness.
So let me know my sweet wild wonder
if this is just another nightmare
without you here behind my blankets
without you here to light the candels
If I will see again your tender glances
You and I under the water, under the satellites,
under the golden sun, under the moonlight,
Feeling the fire, looking in the other´s eyes,
Shaking till morning loving us through the night.
Forever You and I.
Estropicio.
No sabía cómo había llegado a aquella situación. No se explicaba cómo había perdido el control ni cómo había llegado hasta ella la sangre que bañaba sus manos. Siempre la habían considerado una persona templada y ella misma así se creía; pero algo muy oscuro se había apoderado de su mente, algo que ni siquiera ella había podido combatir y la había llevado a cometer aquella atrocidad. La poca luz que se filtraba por las rendijas de la persiana le permitía ver el resultado de su locura. El cuerpo inerte de aquel hombre que la había chantajeado durante los últimos meses haciendo de su vida un infierno se encontraba desmadejado y desmembrado. En su enajenación había esparcido esos restos por la habitación dejando regueros de fluidos por todas partes. Ahora que había vuelto en sí sintió unas náuseas horribles y el vómito fue inexorable. Se sintió vacia y sucia, enferma y muerta. Quería gritar pero no tenía fuerzas y no le serviría de nada. A penas podía pensar pero no tenía tiempo y se obligó a ello. Sabía que ahora no podría salir de aquel círculo vicioso, ahora no la dejarían en paz. La buscarían, seguirían sus pasos y la matarían por venganza. Tenía que huir, cambiar de aspecto, de vida, de pasado. Pero, ¿qué podía hacer con todo aquel estropicio? Tenía que armarse de valor y devolver el orden a aquella habitación. Se obligó a analizar dónde se encontraban los restos y cómo podía deshacerse de ellos. Tragó saliva y empezó a amontonar dedos, brazos y piernas.
lunes, 3 de junio de 2013
Los números 114 y 733
Lo que daría por acallar todas esas voces en mi cabeza de una vez por todas. Se apoderan de mí y me dicen que haga cosas malas. A veces no controlo mi cuerpo. Es como si una descarga de energía me recorriera y me dirigiera a hacer o decir cosas que no pienso realmente. Hablan por mí, hacen y deshacen por mí, como si yo no contara nada. El doctor me ha dicho que si me porto bien y me tomo estas pastillitas cuando él me ha indicado, las voces se irán. Y con ellas se irán los números 114 y 733 que me acompañan en mis viajes de autobús. Siempre han estado conmigo que yo recuerde. Un día, cuando era muy pequeño y sólo me asomaban cuatro dientes, los vi sentados de la mano en el asiento trasero del autobús. Me dijeron que me habían hecho un hueco y que me podía sentar con ellos. Eran muy graciosos, sobre todo 733, que hacía bromas ingeniosas sobre los pelos de los niños que subían después de clase para ir a sus casas. Yo no quería reirme en alto porque no quería que nadie más jugara con mis amigos 114 y 733, así que llevé muy en secreto nuestra amistad. A mí me parecían muy agradables pero empezaron a controlarme y a pedirme que hiciera cosas malas. Yo sabía que estaban mal todas esas cosas que me pedían pero no quería que me dejaran. Ahora se han vuelto muy quisquillosos y quieren que les haga daño a mis otros amigos porque están celosos. Yo les digo que no pero ellos me terminan convenciendo. Ahora sólo quiero que desaparezcan y por eso sé que he de hacer caso al doctor y zamparme esas odiosas pastillitas para que los números vayan desapareciendo.
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