lunes, 4 de marzo de 2013

La fragilidad más absoluta.

Hoy he apreciado, como nunca había hecho antes, la fragilidad de su cuerpo envuelto en esa bata a mediohacer que reduce el movimiento de quién la luce por lo fácil que resulta mostrar el pandero al mínimo gesto. Unas piernecitas reducidas al hueso cuelgan en esa silla ortopédica de la habitación 1404 del hospital a la que la han amordazado con tubos de oxígeno para limpiar sus pulmones. Unas manitas huesudas luchan por hacerse con el control de un triste muslo de pollo que apenas sabe a nada y que le está costando Dios y ayuda tragar por un esófago vago y desgastado que la ha vuelto de apetito caprichoso y pueril. Su cara ajada por la edad y los disgustos de los últimos tiempos ha empequeñecido bajo esa densa mata de canas acaracoladas y revueltas. Las enormes gafas de pasta que la permiten empeñarse durante largos ratos en la resolución de una sopa de letras, parece que se le vayan a lanzar por el trampolín nasal incapaz de seguir resistiendo y contenerlas. Sus ojillos de cordero degollao y su sonrisa triste y desganada me mueven a querer llevármela a casa aún teniendo a todos los médicos en contra.

Te quiero abuelita, recupérate pronto.

sábado, 2 de marzo de 2013

El caos aletargado.

Nunca me había sumergido así en el caos más absoluto. Allá donde mirara surgían sinsentidos que me sumían aún más en la confusión. Máscaras por doquier, estatuas que escupían vísceras, chamanes extasiados, curanderos exorcistas, báculos y espíritus mediadores se contorsionaban a mi alrededor en una danza macabra. No puedo negar que sentí miedo y a la vez fascinación por aquel mundo de sombras, de locura y perdición. Me vi atrapada por aquella atmósfera de humo y exclamaciones ininteligibles como si de un mal sueño se tratara y cuando por fin logré despertar me invadió una sensación de cambio, como si una parte de mí, una oscura parte de mí, se hubiera desperezado tras un largo letargo.

viernes, 1 de marzo de 2013

Román

Nunca olvidaré esa tarde fugaz que compartimos en aquella humilde casita de campo que era tu refugio, tu santuario. Aún recuerdo cómo sin palabras me adentraste en tu mundo de madera tallada. Me pareciste un auténtico artista, de esos que sólo quedan en inhóspitos reductos de este planeta... Conservabas como oro en paño las cajas de madera que tallabas con tus manos encerrado en tu fría y rústica habitación y me las enseñabas como si se trataran de un tesoro ancestral de valor incalculable con ese brillo tan especial en tus ojos. Ojalá hubiese podido pasar más ratos contigo tratando de adivinar retazos de tu pasado entre tus balbuceos en español.
He sentido la necesidad de escribir esto para, de alguna forma, agradecerte aquella tarde inolvidable.

lunes, 11 de febrero de 2013

Mi manera de agradecerte.

Cariño mío, ésta es mi manera de agradecerte todo lo que haces por mí, todo lo que te preocupas por mí. Te quiero, te quiero y te quiero y soy la más afortunada por quererte. GRACIAS AMOR MÍO

miércoles, 6 de febrero de 2013

La Realidad Paralela.

Es terrible la vida entre dos realidades, la existencia a caballo entre dos mundos simultáneos, la división del alma en un mismo cuerpo, la continua transgresión de los límites entre lo real y lo irreal, hacer de la vida no deseada una distorsión enfermiza disfrazándola con jirones de fantasía, de sueños imposibles, de vidas y logros ajenos, de quimeras que poco a poco van transformándose en monstruos voraces que te aniquilan confundiéndote, secuestrando tu memoria, tu voluntad y obligándote a vivir de sus despojos, sin apenas reconocer en lo que te estás convirtiendo. Vivir y morir de la mano de Sancho y Quijote, debatiéndote entre realidad y ficción hasta los últimos estertores.., quizá ellos te devuelvan la cordura en el último instante. Quizá no haya nada más real que el último aliento.

lunes, 4 de febrero de 2013

Esmeralda.

¿Cómo puedes, mujer infernal, hacerme caer de esta manera en el abismo más oscuro?
¿Cómo puedes, hija del mismo Diablo, empujarme sin remedio al pecado?
¿Cómo puedes, princesa del deseo, atreverte a embaucarme con tus movimientos de serpiente?
¿Cómo puedes, ojos de hechicera, desnudarme con una simple mirada?
¿Cómo puedes, gitana, embrujarme con el aroma de tu piel?
¿Cómo te atreves, bruja, a romper la quietud de mi alma con tu sonrisa?

Verte arder en los infiernos es mi única salvación.

Sirena en una bañera.

Sin quererlo ni beberlo me he convertido hoy en sirena en una bañera. Por más que intentaba nadar no hacía sino toparme una y otra vez con las paredes de loza de mi cubículo. Me asfixiaba esa horrenda sensación de falta de espacio, de ausencia de vías de escape. Necesitaba salir de ahí. El chapoteo distraído al que estaba acostumbrada mientras me perdía ensimismada en la inmensidad de mis propios pensamientos ya no me aliviaba. Quería poder explorar, aletear a mi antojo descubriendo cada rincón sin que los muros inquebrantables de aquella pecera de hierro me lo impidieran día tras día. Quería abrir una brecha aprovechando esa pequeña grieta, talón de Aquiles de aquel buque acorazado para poder escapar en busca de aquello que tanto ansiaba: mi libertad.