sábado, 11 de junio de 2011
Melodía.
Qué alto me haces llegar Melodía, qué bien me haces sentir. No sé qué extraño poder encierras, ni qué poderosa magia ejerces sobre mí pero eres Gloria, paraíso en mis oídos que se aferran a tu esencia intangible. Me llenas más que nada en este mundo. Me das sentido. Me anestesias el alma contra los pesares que la afligen. Me elevas. Me renuevas. Me electrificas. Me sobresaltas. Me emocionas. Me lo das todo.
Dios mío hoy tendría 89. Felicidades abuelo.
Dios mío, aún recuerdo aquellas promesas que te hacía en la capilla del colegio. Era una niña de fe inquebrantable, te buscaba, te amaba, hacía todo por ti, mi vida tenía un sentido, Tú me llenabas. Entonces empezaste a jugar sucio porque te llevaste una parte de mí. Me empezaste a dejar vacía. Y no habías hecho nada más que empezar. Querías poner a prueba mi fe y fallé estrepitosamente. Mis palabras, mis gestos se quedaron huérfanos. Ya no había razones. Intenté culparme por mi debilidad pero era más fácil culparte a ti. No te merecías mi respeto. No me pediste permiso para arrebatármelo sin piedad. Lo dejaste morir en aquella sala de hospital rodeado de tubos y moribundos y padeciendo la más dura agonía viendo cómo la vida se le escapaba a cada esforzada bocanada. Le pusiste trabas hasta el final, ¿qué te habría costado matarlo repentinamente durante el más plácido sueño? ¿Qué te hizo para abandonarlo a su suerte de aquella manera? Te odié. Te hice máximo y ÚNICO responsable. Hoy le habría cantado el 89 cumpleaños feliz. Hoy le habría tenido junto a mi piano. Hoy le habría cantado a pleno pulmón pero a donde Tú le has llevado no llega mi voz. A ti también te grito esperando que te enfades conmigo y me mandes esas temibles plagas y hagas conmigo lo que te plazca porque ya no soy nada. Porque nadie tiene asegurado nada. Porque tus promesas ya no me curan. Porque mi corazón nunca ha vuelto a ser el mismo. Porque estás exprimiendo hasta la última gota de mi alegría, porque me estás haciendo darme cuenta de lo que verdaderamente soy y de lo marchito que tengo el corazón. Soy un espectro andante. Ni siquiera una sombra de lo que fui. Me refugio en muchas cosas pero con todo me siento fuera de lugar. Lo estoy perdiendo todo, no tengo fuerzas para salir, me desgasto y me estás viendo desfallecer sin mover un dedo. Por lo menos devuélveme la ceguera de la fe en la que pueda confiar para mantenerme a flote y no hundirme con mis pesares en el fondo del abismo. Sé misericordioso como te describen los Libros y tiéndeme una mano, ésa que siempre tienes dispuesta para el hijo pródigo, el que vuelve a casa del Padre después de tanto tiempo, después de tantos errores. Ábreme los ojos como hiciste con Pablo, Mateo y otros muchos, y tirame del caballo, hunde mis dedos en tus llagas. Renueva mi vetusto y empolvado espíritu. Dale la energía que merece, la que por derecho le corresponde. No me dejes caer estrepitosamente. Ayúdame a levantarme. Hazme querer pedirte perdón y encontrar el consuelo que jamás tendré. Ayúdame a borrar estas letras que sin duda perdurarán en el tiempo como testigos de mi dolor. Sé que aún te queda mucho que llevarte de mi lado pero ya no puedo seguir pensando aquello de "que me falte todo menos Tú". No soy tan fuerte. Llévame a mí primero. Sálvame del tremendo desgarro de la pérdida. Alivia mi desconsuelo. Sácame de aquí porque no lo soporto. Me faltan lágrimas. Me sobra el espacio. Me mata pensar en el vacío. Me duele tanto dolor. Me enloquece ver cómo has descolocado mi vida poco a poco, cómo has desajustado los engranajes de mi frágil corazón arrancándole cada pieza como un niño travieso. Me has aplastado como una hormiga. Me has condenado a la soledad. Me has ahogado, me has cortado las alas. No necesito más castigo.
Y así reprimiré mi ira, mi frustración por los siglos de los siglos, plasmando cada gota de mi inmenso dolor escribiendo sin parar.
Y así reprimiré mi ira, mi frustración por los siglos de los siglos, plasmando cada gota de mi inmenso dolor escribiendo sin parar.
Te echo de menos.
¿Cuánto ha pasado desde la última vez que nos vimos? ¿Cuánto tiempo me lleva torturando tu ausencia? Te busco entre los rostros de la gente pero no estás. Te busco en sueños pero me frustra la idea de no poder tocarte, besarte. Eres un fantasma en mis recuerdos. Cada vez más impreciso. Tus rasgos se diluyen en mi memoria, en los instantes fugaces con los que mi cabeza me regala pequeñas porciones de mi vida junto a ti. Quiero llegar a donde tú estás y yacer junto a ti bajo la sombra del almendro perdiéndome en tus ojos, acariciando tu cuerpo, abrazada a ti, acurrucada entre tus brazos, oyendo esa respiración tranquila y acompasada que mece mis sueños. Te pienso con tanta intensidad que se me hace extraño que de la fuerza de mis pensamientos no te hagas corpóreo aquí conmigo. Te escribo con la esperanza de aliviar mi sufrimiento como si a cada palabra pudiera reconstruir cada centímetro de tu piel. Porque escribiéndote te siento a mi lado. Te echo de menos.
Los fantasmas de Bathory.
Encerrada entre esas cuatro paredes le esperaba la muerte. Así debía ser. Moriría asfixiada por aspirar sus propios residuos, sus propios miedos. Aquello que tanto había anhelado, aquello que había ansiado y perseguido con férrea voluntad, la eterna juventud, se esfumaba, como un ente etéreo, un astro fugaz. ¿Aún era posible la redención o ardería para siempre en las llamas del Infierno? A pesar del grosor de los muros llegaban hasta la condesa las burlas y los insultos de su pueblo. La querían muerta. No entendían su búsqueda, todos aquellos sacrificios habían sido en vano, y ellos no entendían. Ella había conocido la ambición de lo imposible. ¿Qué podían saber unos simples aldeanos que no aspiraban más que a vivir como perros? Si no la hubieran entorpecido en su búsqueda ahora sería una diosa en la tierra y todos la adorarían porque al fin habría vencido a la Muerte. Había estado tan cerca... Sin embargo, nadie lo sabría. El aire era cada vez más denso, el oxígeno se consumía a cada bocanada que ella aspiraba presa de la ansiedad. No tardaron en llegar las alucinaciones. La vista se le nublaba y en un intento por mantenerse aferrada a la vida se llevó las uñas al antebrazo izquierdo y las hundió en la carne hasta ver cómo brotaba la sangre. Gimió. Acercó sus labios sedientos a la piel ensangrentada y lamió su propia esencia. Aún recordaba aquella excitación que le provocaba el sabor de la sangre. Extasiada absorbió todo lo que pudo. Siguió hiriéndose y succionando como un depredador cegado por el hambre. Se sintió desfallecer pero se negaba a morir suplicando. Lanzó una sarta de improperios y maldiciones al aire entre risotadas enloquecidas consumiendo el poco oxígeno que quedaba en aquel espacio tan reducido y de pronto le fallaron las fuerzas. Un sueño implacable se apoderó de ella y en un último esfuerzo consciente gritó al que fue el amor de su vida un desgarrado te quiero. Sumida en el último sueño de vida se precipitó a la oscuridad más total. Desorientada buscó a tientas encontrar una salida más sólo la rodeaba un manto de noche impenetrable que se esfumaba al tacto de sus dedos. Entonces, a lo lejos vio una luz tenue al principio y cegadora a medida que se iba aproximando. Ese resplandor se detuvo a un palmo de sus ojos y cientos de espectros se hicieron corpóreos ante ella. Quiso reírse de ellos, pobres ignorantes. Ella había dignificado sus vidas haciéndolos parte de ella. Sin embargo, ninguna carcajada salió de ella cuando se vio reflejada en la superficie nacarada de los fantasmas y vio su aspecto. La agonía la había arrebatado la belleza de sus rasgos jóvenes. Entonces la nube fantasmagórica la envolvió, se le pegó a la piel y la empezó a abrasar las entrañas. Las lágrimas brotaron de sus ojos escocidos y desorbitados. Gritó pero no salió ningún sonido de su garganta.
Insomnio.
Hoy es una de esas noches terribles en las que no cojo el sueño ni aunque me esfuerce. Por más que lo intento se me escapa y el tiempo se eterniza, grabándose en mi mente el lento transcurrir de las agujas del reloj de mi mesilla. Intento de todo con tal de poder dormir y sin embargo algo en mí me lo impide. No me faltan razones. ¿Qué tal, para empezar, el saber que a la vuelta de la esquina me estaré examinando de no sé cuántas asignaturas a cuál peor y de una dificultad que creo bastante alta? Mi cuerpo me pide descanso y sin embargo, el tiempo es oro en esta carrera contra reloj. Demasiadas cosas. Demasiadas preocupaciones.Arrrrggg ¡¡¡¡¡¡QUIEROOOO DORMIRRR!!!!!!!
lunes, 6 de junio de 2011
Un sueño.
¿Cuánto de alto puedo llegar con un sueño en la mano? Me siento pluma que se eleva con cada soplo de aire que la empuja sin remedio. Una nueva energía me envuelve, me mueve, me arrastra hacia un precipicio. Estoy a punto de caer. Y entonces.......... Vuelo. Agito mis alas, me elevo aún más alto si es posible. Atravieso la atmósfera, alcanzo la velocidad de la luz, no hay límites, soy espíritu, energía, sueño.
sábado, 4 de junio de 2011
Palabras a una olla a presión.
Pensareis... éstos que se dedican a escribir y a escribir piensan que cualquier cosa vale con tal de dejar salir unas cuantas palabras de su mente... Pues efectivamente, cualquier excusa es buena para rellenar espacios en blanco. Por eso, ahora que me encuentro vigilando a la olla a presión para que se hagan unas buenas judías verdes me ha parecido que era el momento más adecuado para comenzar a escribir.
Después de una noche llena de sueños y pesadillas (me he despertado súbitamente justo en el momento en el que, aprovechando el tumulto, una mujer misteriosa le clavaba en la boca una navaja al Barón de la levita y la perilla a lo Lincoln y después le obligaba a colocarse unas tenazas cargadas en las sienes...) He oído a mi padre pelearse con las judías verdes blandas que se le resistían al corte. Eso me ha devuelto a la realidad. Así que me he acercado a la cocina y adormilada todavía me he preparado el café escuchando a medias las instrucciones de "cómo usar la olla" de mi padre: "Y entonces cuando suban los dos anillos, ¿Ana me escuchas? ¿sabes lo que te digo de los anillos? la pones a fuego mínimo y esperas 10 minutos a diferencia del cocido que esperas 15 minutos, porque pierden vitaminas, ya lo dice Arguiñano, y entonces saldrá agüilla por aquí y por aquí también y por aquí.... bla bla bla".
Cuando después del sopor he empezado a comprender lo que me quería decir mi padre de no sé qué anillos ya estaba sola frente al peligro y aquel bicho ya empezaba a soltar vapor por la boquilla... Así que he puesto en orden las instrucciones en mi cabeza tratando de reconstruirlas de manera que pudiera tener sentido y no contradijera las leyes de la física. Y sin dudarlo, al verme un poco perdida he decidido hablarle a la olla. En ese mismo instante he pensado seriamente "ya está, lo he conseguido, he perdido la cabeza".
- Vamos bonita, llevas cinco minutos sin decir nada. ¿Cuándo vas a levantar los anillos? ¿Y ese ruidito que haces ahora? ¡Qué gracioso!Pareces Darth Vader cuando le ponen aquella escafandra con el respirador mítico que todos hemos imitado alguna vez. Aaaaaah, ¡mírate! ya aparece el primer anillo.., ¿lo estaré haciendo bien? Dime algo. Bien, tú sigue haciendo ese ruido que creo que lo he escuchado más veces. No hay nada que temer. Nada puede salir mal ¿no? Tú lo sabes hacer solita así que yo no voy a mirarte un ratito pero cuando vuelva a mirar quiero ver los dos anillos tal y como habíamos acordado ¿ok? Oh, ¡mira! Te ha salido otro anillo... ¡Uuhh! Eso significa que ya está ¿no? ¡Dos anillos! Ahora tengo que bajarte el fuego al mínimo que si no... Y ahora ¿quince minutos? ¿O eran diez? Bueno te dejo doce y medio y así compensamos.
Después de una noche llena de sueños y pesadillas (me he despertado súbitamente justo en el momento en el que, aprovechando el tumulto, una mujer misteriosa le clavaba en la boca una navaja al Barón de la levita y la perilla a lo Lincoln y después le obligaba a colocarse unas tenazas cargadas en las sienes...) He oído a mi padre pelearse con las judías verdes blandas que se le resistían al corte. Eso me ha devuelto a la realidad. Así que me he acercado a la cocina y adormilada todavía me he preparado el café escuchando a medias las instrucciones de "cómo usar la olla" de mi padre: "Y entonces cuando suban los dos anillos, ¿Ana me escuchas? ¿sabes lo que te digo de los anillos? la pones a fuego mínimo y esperas 10 minutos a diferencia del cocido que esperas 15 minutos, porque pierden vitaminas, ya lo dice Arguiñano, y entonces saldrá agüilla por aquí y por aquí también y por aquí.... bla bla bla".
Cuando después del sopor he empezado a comprender lo que me quería decir mi padre de no sé qué anillos ya estaba sola frente al peligro y aquel bicho ya empezaba a soltar vapor por la boquilla... Así que he puesto en orden las instrucciones en mi cabeza tratando de reconstruirlas de manera que pudiera tener sentido y no contradijera las leyes de la física. Y sin dudarlo, al verme un poco perdida he decidido hablarle a la olla. En ese mismo instante he pensado seriamente "ya está, lo he conseguido, he perdido la cabeza".
- Vamos bonita, llevas cinco minutos sin decir nada. ¿Cuándo vas a levantar los anillos? ¿Y ese ruidito que haces ahora? ¡Qué gracioso!Pareces Darth Vader cuando le ponen aquella escafandra con el respirador mítico que todos hemos imitado alguna vez. Aaaaaah, ¡mírate! ya aparece el primer anillo.., ¿lo estaré haciendo bien? Dime algo. Bien, tú sigue haciendo ese ruido que creo que lo he escuchado más veces. No hay nada que temer. Nada puede salir mal ¿no? Tú lo sabes hacer solita así que yo no voy a mirarte un ratito pero cuando vuelva a mirar quiero ver los dos anillos tal y como habíamos acordado ¿ok? Oh, ¡mira! Te ha salido otro anillo... ¡Uuhh! Eso significa que ya está ¿no? ¡Dos anillos! Ahora tengo que bajarte el fuego al mínimo que si no... Y ahora ¿quince minutos? ¿O eran diez? Bueno te dejo doce y medio y así compensamos.
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