A veces busco y no encuentro.
A veces te busco y no te encuentro.
A veces no todo es felicidad.
A veces lo detesto todo.
A veces no me puedo engañar y seguir como si nada.
A veces no sé de qué escribir.
A veces no me siento yo.
A veces quiero destruirlo todo.
A veces envidio.
A veces no tengo suerte.
A veces deseo.
A veces temo no encontrar la salida.
A veces caigo y no me levanto.
A veces necesito ayuda.
A veces la pido.
A veces me quedo en blanco.
A veces soy mucho más mediocre.
A veces no me salen las palabras.
A veces soy un mar de lágrimas.
A veces me dejo llevar.
A veces no me apetece recibir consejos.
A veces me siento sola.
A veces me repito.
A veces exploro.
A veces me muerdo la lengua.
A veces no.
A veces escucho.
A veces tampoco.
A veces me dejan.
A veces no puedo dejar yo.
A veces no te creo.
A veces me siento engañada.
A veces traiciono.
A veces no quiero ir a ningún sitio.
A veces me comería el mundo.
A veces gritaría.
A veces me enveneno.
A veces me enamoro.
A veces me ilusiono.
A veces me desilusiono, me desenamoro y me vuelvo a envenenar.
A veces intuyo que no hay nada más.
A veces me vuelvo a repetir.
A veces me caigo mal.
A veces canto.
A veces pierdo las ganas.
A veces siento demasiado.
A veces vivo en una nube.
A veces vivo en la mierda.
avecesescribotodojuntoyconminúsculas
A veces vuelo.
A veces lo que viene se va.
A veces lo que pienso no es.
A veces vivo en el pasado.
A veces sueño despierta.
A veces no tengo pesadillas.
A veces no veo futuro.
A veces no creo.
A veces no tengo expectativas ni de mí misma.
A veces ando deprisa.
A veces me quedo quieta.
A veces te echo tanto de menos que me muero.
A veces me arrancaría el corazón.
A veces me diluyo en el tiempo.
A veces exploto.
A veces me encuentro entre el ruido.
A veces quisiera ser otra.
A veces querría que tú fueras otro.
A veces sueño con otro.
A veces me carcome la ansiedad.
A veces me repito de nuevo.
A veces me odio.
A veces lo odio todo.
A veces me perdono.
A veces soy humana.
lunes, 6 de marzo de 2017
miércoles, 8 de febrero de 2017
Niñez maldita.
Las criaturas estaban desesperadas, enrabietadas por el hambre. Desquiciadas. Y en su desquicie emitían gritos de sirena. Unas trepaban por las paredes con la facilidad de un reptil, otras se golpeaban contra ellas hasta desgarrarse o quebrarse los huesos y deformar, aún más, su ya de por sí extraña figura, otras levitaban para alcanzar los altos respiraderos de las puertas que las contenían, esnifando con los ollares grotescamente dilatados cualquier atisbo de presencia al otro lado, con las pupilas erráticas bajo los párpados, las uñas ennegrecidas clavadas en la puerta, los pies flácidos y mortecinos, a metros sobre el suelo, asomando bajo los camisones ondulantes y fantasmagóricos, recuerdo de su niñez maldita.
domingo, 5 de febrero de 2017
Creo que me estoy enamorando.
Creo que me estoy enamorando. Sí. De ti que lees mis líneas y a través de ellas me conoces mejor que nadie. De ti, incorpóreo para mí, mientras escribo con la devoción de la amante esperando que te enganches a mí y que las palabras nos atrapen como la adicción al buen sexo nocturno y mudo. Creo que me estoy enamorando de la avidez de tus ojos, de cómo absorbes cada palabra que dejo caer ante ti para que la recojas y al devolvérmela nos encontremos las miradas y nos sobren las palabras y acabemos teniendo sexo nocturno y mudo. Escribo para ti con desenfreno, con deseo, con ira, con lujuria, con amor, por amor. Creo que me estoy enamorando de tus pupilas saltarinas, de tu mente inquieta, de tu silencio sagrado para leerme en un rincón, la luz apagada, el corazón galopante. Éste es nuestro tesoro. Nuestro momento. Tú y yo. ¿Te das cuenta? Te hablo a ti, al otro lado, sin tapujos, directa a lo más privado. Sabiendo que en este instante te estás preguntando si de veras me estoy dirigiendo a ti. Convéncete y concédeme más ratos como éste. Y piensa en mí. Piensa en cómo soy, en quién te escribe con la devoción de la amante entregada en cuerpo y alma, que se desangra con cada palabra y con cada suspiro. Porque soy yo quién te escribe. No te daré datos innecesarios. Sólo imagíname. Y encuéntrate conmigo al final de estas letras. Vuela conmigo. Sueña conmigo. Quédate conmigo un instante más. Llévame contigo hasta la próxima vez. Hazme eterna.
martes, 6 de diciembre de 2016
A quién conoció lo peor de mí.
Tengo la sensación de que viviste la peor parte de mí y sólo puedo desear que me hubieras conocido ahora. No es que sea mucho mejor.., simplemente diferente a lo que encontraste entonces, de eso estoy segura. Conociste mis mayores errores, ésos que cometía a cada paso que daba, por inseguridad, por temor, por vergüenza, por mi infantilismo, por perseguir unos sueños demasiado etéreos... Conociste, si es que se pueda decir que te atrevieras a hacerlo, la más inconsistente de las versiones previas a la forma definitiva, a la oruga. Quizá me hubieras logrado comprender si hubieras visto el resultado de mi transformación. Quizá incluso me hubieras querido un poco más. ¿Quién sabe? De verdad me torturo al pensar que eso te pudo hacer huir, no aguantar hasta el final, o incluso repudiarme. Quizá y sólo quizá, de haber sido un poco paciente podrías haber encontrado las razones, los frutos de tu espera. Te hubiera regalado la visión de mi nuevo yo reflejado en una bola de cristal si eso te hubiera sido suficiente razón para quedarte. Quizá y sólo quizá tuviste que irte para que yo pudiera ser quién digo que soy. No sé si debo darte las gracias o arrancarme el corazón cada vez que te pienso.
sábado, 19 de noviembre de 2016
Dama por dama.
Eran dos damas o eso se comentaba. Sucedía siempre, como cuando chocan dos portentosas y ancestrales fuerzas opuestas enfrentadas en batalla. Entre gritos de guerra e improperios se tiraban de sus hermosos cabellos reales, se arrancaban las relucientes coronas, se arañaban las nobles caras, se sacaban a bocados botones y lazos... Eran demasiado orgullosas y ninguna quería admitir la derrota en el campo de batalla, pero el juego era el juego y estaban dispuestas a todo por su Rey.
Esto era lo que la pequeña Ana imaginaba cuando su padre cambiaba dama por dama concentrado ante el tablero de ajedrez que le absorbía los sesos.
Esto era lo que la pequeña Ana imaginaba cuando su padre cambiaba dama por dama concentrado ante el tablero de ajedrez que le absorbía los sesos.
domingo, 13 de noviembre de 2016
Hoy he soñado...
Aquellos seres lanzaban un extraño grito desesperado como si se tratara del lamento por la muerte de su comandante, caído en aquella batalla de seres infernales. Entonces se elevaron en el aire creando una columna oscura de cuerpos rabiosos. Aquel vórtice, que cada vez cogía más y más altura, parecía absorber toda la energía y era cuestión de tiempo que se desatara la tempestad. Los chillidos de las criaturas y el batir enfurecido de sus alas enmudeció por un tiempo, era el ojo del huracán. Aquella marabunta tomó poco a poco la forma incompleta de un único y titánico ser con poderosos brazos que se extendían torpemente en el aire cerrando los puños en señal de ira. La energía que acumulaban esos seres empezaba a materializarse en algo muy luminoso, una especie de rayo contenido. Entonces el enorme gigante agarró ese rayo de luz con su mano y lo lanzó directamente hacia la tierra con una fuerza indescriptible. Aquello tenía una explicación. No iba dirigido a la tierra sin más. No. Aquel rayo impactaría directamente contra el cuerpo inerte del comandante con el fin de resucitarlo.
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